Puente Pancho, en la precordillera de Molina, es uno de esos hitos del río Claro donde el paisaje se abre y el agua suena más fuerte. El puente cruza entre bosque y rocas pulidas, y desde ahí se miran los pozones verdes y el cauce corriendo claro, perfecto para una foto, un respiro y seguir camino.
Es paso obligado para quienes van a caminar por el valle o a pasar el día junto al río. Conviene ir temprano, respetar los accesos y cuidar el entorno: no dejar basura, evitar el fuego y bañarse con atención a la corriente. Así, Puente Pancho mantiene ese encanto limpio y simple que lo hace tan querido.
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