El Velódromo de Curicó es el templo local del pedaleo: una pista que, desde temprano, reúne a ciclistas de todas las edades para entrenar, aprender técnica y sentir el ritmo parejo de las vueltas. Ahí se escuchan los cambios, el zumbido de las ruedas y ese silencio concentrado que tiene el deporte cuando se practica con disciplina.
Más que una pista, es una escuela a cielo abierto. Clubes, colegios y aficionados comparten espacio, rutinas y consejos, y de vez en cuando la pista se viste de competencia para animar a la ciudad. El velódromo mantiene viva una tradición curicana: la de encontrar en el deporte un lugar de encuentro, esfuerzo y orgullo.
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